La mañana en que “así nomás” dejó de funcionar en español

Culture OS Notes

Un pequeño incidente una mañana de prisa

Esa mañana iba con el tiempo justo.

Quedaban pocos minutos antes de salir. Esa clase de apuro en que cada segundo cuenta.

Mientras me preparaba, miré hacia la cocina y vi que mi amiga estaba lavando los platos.

“Ya tenemos que irnos”, pensé.

Y entonces, sin pensarlo, de la manera más natural del mundo, salió esta frase:

“¡Déjalo así nomás!”

Se quedó paralizada.

Me miró.

Parpadeó.

Y se quedó completamente en blanco.


Las palabras que mi amiga belga no entendió

Mi amiga es belga. Pero su padre es español, así que creció hablando español desde pequeña.

Por eso me sorprendió aún más que no me hubiera entendido. Para mí, el significado de esa frase era absolutamente evidente.

En algunas zonas de Sudamérica, “así nomás” tiene muchos matices según el contexto. Lo que yo quería decir en ese momento era algo como:

“Está bien así. No te preocupes. Vámonos.”

Pero ella seguía mirándome con cara de confusión, como si estuviera intentando descifrar un acertijo.


El español de Sudamérica y el español de España

Después lo entendí.

Yo había usado una expresión que se había quedado dentro de mí desde la época en que viví en Sudamérica — una expresión propia de allá.

Mi amiga, en cambio, la interpretó desde la lógica del español peninsular.

Desde esa perspectiva, la frase sonaba incompleta, cortada a la mitad.

“¿’De esta manera’… cómo? ¿En qué posición exactamente dejo los platos?”

Mientras intercambiábamos ese breve diálogo, el reloj seguía avanzando.

Unos quince segundos, quizás. No más.

Y al final, desistí de explicarlo en español.

La miré directamente y le dije en inglés:

“Let it be.”

Y entonces ocurrió algo casi milagroso.

Lo entendió al instante.

Dejó los platos, y salimos corriendo.

Llegamos al destino con solo unos minutos de retraso.


Lo que de verdad se aprende no es gramática

Lo curioso es que durante años creí que aprender un idioma consistía esencialmente en memorizar palabras y reglas gramaticales.

Pero lo que de verdad termina quedándose dentro de uno está en otro lugar.

Está en las expresiones que uno adopta sin darse cuenta. En las muletillas. En la forma de reaccionar.

Esos pequeños fragmentos de cultura que, sin darse cuenta, van instalándose en algún rincón de uno.


El sistema operativo sudamericano que seguía dentro de mí

Lo que más me pareció fascinante de aquel momento en la cocina no fue que mi amiga no hubiera entendido “así nomás”.

Fue darme cuenta de que me había salido sin pensarlo.

No estaba intentando hablar como alguien que había vivido en Sudamérica.

Simplemente estaba hablando. Y esa expresión salió sola.


La cultura se queda en el cuerpo

A veces pensamos que un viaje termina cuando volvemos a casa.

Pero quizás no sea exactamente así.

Los lugares donde estuvimos siguen viviendo dentro de nosotros, de maneras pequeñas e inesperadas.

En una palabra. En un gesto. En una frase que aparece de repente en un momento de prisa y nos recuerda, de golpe: “ah, esto también se volvió parte de mí”.


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